jueves, 27 de agosto de 2026

ACOMPAÑANDO

     

        Lo he hecho con cariño, en la misa de funeral, a los familiares políticos de José Luis Bedoya. esposo de Mari-Chari, la de don Manolo, el del banco. A mi "quinto Fernando Fernández Vázquez de Prada, (portero del Atlético Villalpando / que estás en Valladolid /  encerrado en el aula/..."  Así empezaba una de las cartas en verso que intercambiamos cuando a él le habían llevado al Colegio San José. A la esposa e hijas de Andrés, quien, en vacaciones, intentó, con poco éxito, por mi culpa, trasladarme unos pocos de los enormes conocimientos matemáticos que él poseía; a los sobrinos, hijos de Manolo director de Banesto en Rioseco, y Mari Cañibano,; de José-Mari, el de Extensión Agraria...

    José-Luis Bedoya, natural de Tordesillas, empezó a venir por aquí porque era compañero en el San José de  Astudillos, Manolo Cossio y Concejos mayores. Podía hacerlo porque, en aquellos tiempos, por el cincuenta y nueve, tenía una Vespa.

    Cuando de regreso de los Picos de Europa, cogimos un tren de Oviedo a Valladolid, desde Pucela llegamos a Tordesillas  en auto-stop, donde se nos dio mal lo del dedo. Dos de los cuatro excursionistas conseguimos que nos pararan. A los otros dos, nos trajo Bedoya echando dos viajes. Ha sido justo ir a su funeral, a darle un besico a Mari-Chari, a recordar aquellos tiempos de los primeros discos del Dúo Dinámico en la pista de "Fanega".

    No sé qué será de aquellos viejos compañeros excursionistas. Luis Astudillo, el más apegado al pueblo, hará como un par de años que ha dejado de dar una vuelta en verano. A su hermano Eugenio lo vi por última vez en el entierro de su tía Angelita, hace la tira de años. Tampoco tengo noticia de "Eloyuco", hijo de don Eloy, el maestro. Vendieron la casa y, tanto él como el hermano menor, se desligaron del pueblo.

    No así éstos, los de don Manolo. Todos los veranos se abría la vieja casona de la calle Liceo, que conserva la puerta metálica de cremallera por la que se accedía al Banco Español de Crédito. José Mari la habitó, con sus hijos, hasta que partió de forma inesperada y fulminante.

    La estirpe, aunque sea con un solo miembro, continúa en la villa: Mari Fernández Cañibano y Ricardo Vega han vuelto al pueblo. Tienen dos hijos y el próspero negocio de bazar, ferretería, mercería, plantas... en la nueva, moderna, grande tienda de la calle Zarandona.

    Es un consuelo para los mayores pensar en los hijos, en los nietos...

    

    

    

   

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