ANATOMÍA DE UN INSTANTE. (I)
Así titula
Javier Cercas su última novela, o mejor, reportaje sobre el intento de golpe de
estado en el famoso 23 F, 23 de febrero de 1981.
Digo reportaje
porque todos los hechos y los personajes son reales. Serio trabajo de
investigación al que ha dedicado diez horas diarias durante cuatro años.
Comienzo por
mis recuerdos. Aquella tarde, desde el Colegio escuché a las campanas de San
Pedro doblar a muerto: Aurelio de Prada, el de la tienda de Miraflores, tío de
Juanito, se había muerto.
Estuve allí
mucho rato con la familia: Macario el hermano, Juanito,
Vicenta-“Jabonero”, sus niños Irene,
Andrés y Encarna; algunos vecinos… Ya de noche llegó un paisano eufórico: ¡que
la Guardia Civil ha tomado el Congreso!
Hace unos
días vi y escuché en un video de la SER, la larga e interesante entrevista de
Ángeles Barceló a Cercas y a los dos autores que han llevado dicho libro al
cine. Una serie de tres capítulos producida por Movistar.
Mis
coincidencias con Cercas, son totales. Seguí aquello, día a día desde el primer
momento; leído casi todo lo escrito. Lo más interesante hasta lo de Cercas, el
libro de José Oneto, “23-F: Treinta años
después”.
Sabíamos que nada nuevo iba
a aparecer en la “desclasificación”, otra cortina de humo, sanchista.
Incido ahora
en algo de lo que no se habla, o poco: la terrible situación que vivíamos en
aquellos años. Como lo ha dicho alguien no sospechoso de pertenecer a la fachosfera,
y en un medio que idem, me atrevo a recalcarlo: “Los golpistas tenían sus
razones”.
¡Cómo no
hombre! Si aquello era horroroso. A 97 inocentes asesinó ETA en 1980: jóvenes
guardias civiles, militares de alta graduación, cargos públicos, personas que
pasaban por ahí. No sólo asesinaban, sino que extorsionaban, secuestraban… Un
terror que obligo a 180.000 vascos, empresarios generalmente, pequeños la
mayoría a exilarse. Sé de uno de Villalpando, F.G. “Güeña”.
En tres años
pasamos del entusiasmo por la recién estrenada democracia, aprobando
masivamente la Constitución, 6-12-78, al desencanto. Un 70% de los españoles
contentos al principio con la democracia. A la altura de 1981 sólo un 30%., por
culpa del terrorismo , de la mala situación económica y política.
¿Cómo no
oírse ruido de sables en los cuarteles? Los españoles vivíamos agazapados,
expectantes, indignados, más los de derechas. "¡Demasiado están aguantando los
militares!", alguno, más bien pocos, se atrevían a decir.
Quedaban en
la cúpula militar mandos que habían ganado la guerra a los “rojos”. Era el
ejército de Franco. A regañadientes habían aceptado la legalización del PCE.
Todo lo hicieron por la fidelidad al Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, su
Alteza Real don Juan Carlos I. Pero aguantar que un grupo minoritario de
extrema izquierda intentara por el terror imponer en las Vascongadas una
república totalitaria comunista, era demasiado.
Cierto
sector de la prensa, la mayoría de los españoles veían con buenos ojos la tan
rumoreada intervención militar.
El error del
Teniente Coronel Antonio Tejero y del Capitán General Milans del Bochs, a los
que se unió Alfonso Armada aquella tarde, fue la impaciencia, anticiparse al
plan que se urdía, consistente en el acuerdo de sublevación de todas las Capitanías
Generales, y del grupo de políticos que aceptarían hacerse cargo,
provisionalmente del gobierno.
No cabe duda
de que Juan Carlos I paró el golpe de Tejero. No sabemos qué habría hecho si en
sus llamadas, aquella noche, a los
Capitanes Generales hubiera encontrado resistencia.
¡Bueno!:
mejor fue así, aunque continuaran las barbaridades de ETA, pero ya sin la
“taina” francesa. Otra consecuencia fue el impresionante triunfo de Felipe
González 28 de octubre. 1982. Trece años muy fructíferos. Por ej.; la
reconversión industrial. Sólo un político de “izquierdas” con esa inmensa
mayoría de 202 diputados, sería capaz de hacerla.
Les confieso
que entonces me parecía un pillo y que nunca le voté. Su mérito principal,
perdonen el repetido símil, fue “desteñir” a la rojería. Claro: aquella rojería
de los ochenta nada tenía que ver con la del Frente Popular del “treinta y
seis”, aunque quedaban supervivientes, y su descendencia, pero todos habíamos
mejorado económica y socialmente. Si hasta Carrillo había desistido del
marxismo revolucionario. Me lo decía un izquierdista, buena persona, de mi
generación: -“Que no se crea la gente que ahora vamos a venir a quitarle las
tierras a nadie”. Aquellos miedos
todavía latían en el ambiente.
Ya con la
UCD comenzaron a recibir indemnizaciones los presos políticos del franquismo o
sus familias. F.G siguió con esa justicia histórica, pero sin levantar
ronchones a nadie, aplacando los odios dimanantes del enfrentamiento civil, sin
quitar placas, ni estatuas…, y sin salirnos de la OTAN. ¡Cómo los engatusó a
todos!
De la
corrupción de su época hemos de excluirle, tanto a él, como a su entorno
familiar.
Un acto
institucional celebrado la pasada semana en el Congreso de los Diputados, por
el motivo de cumplir 45 años de la entrada en vigor de la actual Constitución,
me encantó. Allí estaban todos los de mi quinta, incluso mayores, Tamames, por
ej., supervivientes de la Transición, además del rey, diputados, senadores
actuales. Salvo los inconstitucionalistas izquierdosos.
¡Qué
entrañable!: Felipe González dando su brazo a Miguel Herrero y Rodríguez de
Miñón. Allí todavía, un ex ministro del franquismo, de los que optaron por el
cambio, Rodolfo Martín Villa; al otro ponente constitucional vivo, además de
Miñón, Miguel Roca,…
Lo de YouToube
es un gran invento. Zapeo y me encuentro testimonios impresionantes. Hace unos
pocos días un vídeo en los que Santiago Carrillo, el comunista malo para las derechas,
dialogaba, ambos ancianos, con el “fascista”, todavía para las izquierdas
actuales, Fraga Iribarne. Dialogan digo, sobre las víctimas de la represión en
ambos bandos en la guerra civil. Fraternal diálogo sin enconos.
(Continuará,
s. D. q.)
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