viernes, 27 de febrero de 2026

SIN FALTAR Y SIN PELOS EN LA LENGUA.

 

                        


            ANATOMÍA DE UN INSTANTE. (I)

            Así titula Javier Cercas su última novela, o mejor, reportaje sobre el intento de golpe de estado en el famoso 23 F, 23 de febrero de 1981.

            Digo reportaje porque todos los hechos y los personajes son reales. Serio trabajo de investigación al que ha dedicado diez horas diarias durante cuatro años.

            Comienzo por mis recuerdos. Aquella tarde, desde el Colegio escuché a las campanas de San Pedro doblar a muerto: Aurelio de Prada, el de la tienda de Miraflores, tío de Juanito, se había muerto.

            Estuve allí mucho rato con la familia: Macario el hermano, Juanito, Vicenta-“Jabonero”,  sus niños Irene, Andrés y Encarna; algunos vecinos… Ya de noche llegó un paisano eufórico: ¡que la Guardia Civil ha tomado el Congreso!

            Hace unos días vi y escuché en un video de la SER, la larga e interesante entrevista de Ángeles Barceló a Cercas y a los dos autores que han llevado dicho libro al cine. Una serie de tres capítulos producida por Movistar.

            Mis coincidencias con Cercas, son totales. Seguí aquello, día a día desde el primer momento; leído casi todo lo escrito. Lo más interesante hasta lo de Cercas, el libro de José Oneto, “23-F: Treinta años después”.

            Sabíamos que nada nuevo iba a aparecer en la “desclasificación”, otra cortina de humo, sanchista.

            Incido ahora en algo de lo que no se habla, o poco: la terrible situación que vivíamos en aquellos años. Como lo ha dicho alguien no sospechoso de pertenecer a la fachosfera, y en un medio que idem, me atrevo a recalcarlo: “Los golpistas tenían sus razones”.

            ¡Cómo no hombre! Si aquello era horroroso. A 97 inocentes asesinó ETA en 1980: jóvenes guardias civiles, militares de alta graduación, cargos públicos, personas que pasaban por ahí. No sólo asesinaban, sino que extorsionaban, secuestraban… Un terror que obligo a 180.000 vascos, empresarios generalmente, pequeños la mayoría a exilarse. Sé de uno de Villalpando, F.G. “Güeña”.

            En tres años pasamos del entusiasmo por la recién estrenada democracia, aprobando masivamente la Constitución, 6-12-78, al desencanto. Un 70% de los españoles contentos al principio con la democracia. A la altura de 1981 sólo un 30%., por culpa del terrorismo , de la mala situación económica y política.

            ¿Cómo no oírse ruido de sables en los cuarteles? Los españoles vivíamos agazapados, expectantes, indignados, más los de derechas. "¡Demasiado están aguantando los militares!", alguno, más bien pocos, se atrevían a decir.

            Quedaban en la cúpula militar mandos que habían ganado la guerra a los “rojos”. Era el ejército de Franco. A regañadientes habían aceptado la legalización del PCE. Todo lo hicieron por la fidelidad al Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, su Alteza Real don Juan Carlos I. Pero aguantar que un grupo minoritario de extrema izquierda intentara por el terror imponer en las Vascongadas una república totalitaria comunista, era demasiado.

            Cierto sector de la prensa, la mayoría de los españoles veían con buenos ojos la tan rumoreada intervención militar.

            El error del Teniente Coronel Antonio Tejero y del Capitán General Milans del Bochs, a los que se unió Alfonso Armada aquella tarde, fue la impaciencia, anticiparse al plan que se urdía, consistente en el acuerdo de sublevación de todas las Capitanías Generales, y del grupo de políticos que aceptarían hacerse cargo, provisionalmente del gobierno.

            No cabe duda de que Juan Carlos I paró el golpe de Tejero. No sabemos qué habría hecho si en sus llamadas, aquella noche,  a los Capitanes Generales hubiera encontrado resistencia.

            ¡Bueno!: mejor fue así, aunque continuaran las barbaridades de ETA, pero ya sin la “taina” francesa. Otra consecuencia fue el impresionante triunfo de Felipe González 28 de octubre. 1982. Trece años muy fructíferos. Por ej.; la reconversión industrial. Sólo un político de “izquierdas” con esa inmensa mayoría de 202 diputados, sería capaz de hacerla.

            Les confieso que entonces me parecía un pillo y que nunca le voté. Su mérito principal, perdonen el repetido símil, fue “desteñir” a la rojería. Claro: aquella rojería de los ochenta nada tenía que ver con la del Frente Popular del “treinta y seis”, aunque quedaban supervivientes, y su descendencia, pero todos habíamos mejorado económica y socialmente. Si hasta Carrillo había desistido del marxismo revolucionario. Me lo decía un izquierdista, buena persona, de mi generación: -“Que no se crea la gente que ahora vamos a venir a quitarle las tierras a nadie”.  Aquellos miedos todavía latían en el ambiente.

            Ya con la UCD comenzaron a recibir indemnizaciones los presos políticos del franquismo o sus familias. F.G siguió con esa justicia histórica, pero sin levantar ronchones a nadie, aplacando los odios dimanantes del enfrentamiento civil, sin quitar placas, ni estatuas…, y sin salirnos de la OTAN. ¡Cómo los engatusó a todos!

            De la corrupción de su época hemos de excluirle, tanto a él, como a su entorno familiar.

            Un acto institucional celebrado la pasada semana en el Congreso de los Diputados, por el motivo de cumplir 45 años de la entrada en vigor de la actual Constitución, me encantó. Allí estaban todos los de mi quinta, incluso mayores, Tamames, por ej., supervivientes de la Transición, además del rey, diputados, senadores actuales. Salvo los inconstitucionalistas izquierdosos.

            ¡Qué entrañable!: Felipe González dando su brazo a Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón. Allí todavía, un ex ministro del franquismo, de los que optaron por el cambio, Rodolfo Martín Villa; al otro ponente constitucional vivo, además de Miñón, Miguel Roca,…

            Lo de YouToube es un gran invento. Zapeo y me encuentro testimonios impresionantes. Hace unos pocos días un vídeo en los que Santiago Carrillo, el comunista  malo para las derechas, dialogaba, ambos ancianos, con el “fascista”, todavía para las izquierdas actuales, Fraga Iribarne. Dialogan digo, sobre las víctimas de la represión en ambos bandos en la guerra civil. Fraternal diálogo sin enconos.

            (Continuará, s. D. q.)

           


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