miércoles, 25 de abril de 2012

FOTOS PUERTA DE VILLA.

Pinchen en cada foto  para aumentar su tamaño, ver la barbaridad de chapeado  y la carreterita.










domingo, 22 de abril de 2012

GACETILLA LOCAL.

En esta variedad de actividades que en el pueblo se vienen celebrando, el sábado, día 14 por la tarde, tocó ciclismo. Carrera con mucha participación en todas las categorías organizada por el Club Ciclista Villalpandino. La organización y todo lo demás, incluido el podio sobre un remolque, resultó un éxito. --------------------------------------------------- Ayer tocó fiesta rociera, o sevillana. Vi por la plaza unos pocos caballos y bastantes chicas y señoras vestida de lunares, faralaelas y abalorios. Un altavoz, algo así como las gramolas de antes, llenaba la plaza de música. Y todas las vestidas bailaban sevillanas. ---------------------------------------------------- Entre tanto, y mientras el famoso partido, (unos pobrecillos de unos clubes igual de pobres que no tienen para pagar a la Seguridad Social y a Hacienda), La Maquila presentaba su disco, "Media Vuelta de Trilla" (¡ni zorra idea tienen de lo que era aquello!), en el salón de actos del edificio de la obra social de Caja España en Zamora. ¡Y tuvieron espectadores!. Más de media entrada, ¡y el salón es grande!. La actuación, proyectando al fondo del escenario, imágenes de la provincia, a tono con las canciones, fue muy aplaudida. ---------------------------------- Después de las salvadoras lluvias de la Semana Santa, el tiempo ha estado malón: ventoso y frío. Aún así el campo se ha recuperado mucho. Ahora ya necesita más lluvias y, sobre todo, las alfalfas y legumbres, mayor temperatura. ------------------------------------- La obra que están haciendo en el camino del Mercado de Ganados, es para un Centro de Recogida y Clasificación de Escombros. Después, los que sean recicables, los llevan a la planta de Castrogonzalo. La obra y explotación de esta planta es por cuenta de una empresa, a la que el Ayuntamiento ha cedido el terreno, a cambio de arreglar con zahorra caminos agrícolas y de recibir los residuos provenientes de obras municipales. Una vez rellenadas todas las lagunas y hondonadas: "Comendadora", Laguna del "Excomulgao", de "La Fuente", hondonada del principio, a la izquierda, del Camino de Canillas; Tenerías, laguna "Redonda", del "Palomar", ya no queda dónde tirar tanto escombro como en el pueblo se ha generado en los últimos años. A ellas han ido a parar adobes, tapiales, sillares, vigas, tejas,...seculares: la iglesia de San Nicolás, parte de San Miguel, Santiago; casonas solariegas, casuchas de obreros, de labradores, pajares, lagares, paneras,... . ----------------------------------- LA PUERTA VILLA: Se sigue consumando el atentado. Hoy he estado en la tertulia de allí, y vuelta a dirigirse a mí la gente (los que no entran en internet) mostrando su desacuerdo con la carreterita del medio, elevado ya el hormigón hasta la altura de los muros. Además han plantado otro mazacote de hormigón pegando al contrafuerte del cubo de la derecha según se mira desde abajo. La están matando y nadie hace nada por evitarlo. Pero, ¡viva la fiesta!: "Arenal de Sevilla y olé, torre del oro,..." .

viernes, 13 de abril de 2012

LA CIUDAD DE LOS OJOS GRISES.

He tardado unos días en digerir toda la emoción que me produjo la presentación de la tercera novela de Félix y la posterior tertulia literaria, primero en el soportal con Luciano y Araceli, después, con ambos, Fernando y Félix en la barra del Ideal.

Pensé reseñar el acto enseguida en el blog, pero es que no sé por dónde empezar en la mezcla de emociones, de subjetividades, que todo ello me produjo. Al día siguiente, Domingo de Pascua, pasé la mañana por el campo, huyendo de tertulias: había de rumiar tantas sensaciones del día anterior.

¡Bueno!: la novela. No he comenzado a leerla, aunque después de los magníficos comentarios del texto hechos por Fernando y Luciano, sé cómo es, y ¡qué puedo yo decirles?. LA VOY A LEER, así que acabe el estudio de "Parroquias, Archivos y Cofradías".

Permitan que mezcle vivencias entrañables con pinceladas del libro.

Un domingo del mes de abril, pudo ser el día 15 del 1965, a la hora del vermut, que no tomábamos, me busca mi padre por la plaza (yo vivía en otra casa, ésta, con tío y tía solteros) y me dice, lleno de alegría: -¡Tu hermana ha tenido un niño!.

Emigrantes, vivían en Baracaldo. Mi madre había ido a asistirla. Félix llamaría por teléfono a casa de algún vecino de sus padres. No lo conocimos hasta San Roque, que vinieron en el coche de "Los Campanos". Era un crío morenito, de carita redonda, precioso. Cada vacación un disfrute con el niño. No pasaba día sin que yo fuera por la carretera a hacerle carantoñas, decirle bobadas, como "vasco burro", jugar con él,...

Primera vinculación biográfica con la novela: Bilbao es la ciudad de los ojos grises. Barcaldo, Portugalete, Sestao,... eran una continuación, formaban el gran núcleo industrial del gran Bilbao; cuando Félix, el escritor, nació, durante su infancia y pubertad en aquellas tierras, la industria siderúrgica estaba en pleno apogeo, todavía ensuciaban las fachadas y los pulmones los humos de los altos hornos,y la ría no tenía peces.

En ese Bilbao de 60, 70 atrás al por él vivido, cuando bullía la incipiente industrialización, transcurre parte de la novela. Por conocerla, aunque ya muy crecida, no deja Félix de documentarse, sobre la época, leyendo a Baroja, Unamuno, Trigo,...(150 libros nos confiesa y muchos viajes), consultando hemerótecas. Así graba en su imaginación aquella portuaria, febril, creciente ciudad hija del carbón y del acero a principios del XX.

Este es uno de los méritos de la novela: el saber trasladar de su retina al papel esos escenarios, la magnífica ambientación, (fotográfica, dijo Fernando, en sepia yo añado).

A esa ambientación de grises, marrones en sepia, vagonetas, obrerismo, burguesía reciente, se oponen otras fotografías de suaves colores apastelados, de luces tenues, de bohemía, progreso, cultura en la que se desarrollan todos los "ismos": el París de la pre-guerra del 14.

Alguno de casa me dice que ya ha empezado a leerla y que engancha por su trama, amenidad y fácil lectura, por la mezcla de géneros, incluyendo el histórico.

Las biografías y la novela histórica son mis géneros preferidos. De la presentación y tertulia posterior sé que en la de Félix aparecen hechos, situaciones, personajes reales. Esa interrelación de lo real con lo ficticio, le da a lo narrado un toque de veracidad que me encanta; cuando ya no sé si la Sira Quiroga del "Tiempo entre costuras", fue tan real como Serrano Suñer; o Cipriano Salcedo, lo fue tanto como el Dr. Cazalla, en el "Hereje"; o José-Antonio Primo de Rivera fue tan real como el desgraciado protagonista en "Las Máscaras del Héroe". Es muy posible que Alfredo Gastiasoro se confunda con algún personaje real de la época. No sé, con Indalecio Prieto, por ej.

¡Ya me canso de devanarme los sesos!. Quien quiera saber más de la novela, ¡que la lea!.

Del acto de presentación sólo les digo que una entristecedora ausencia flotaba en el ambiente, tan palpable, que la ausencia se transformaba en presencia.

Por último, como no sé morderme la tecla, ¡ni falta que hace!, digo que es penoso comprobar el desinterés por la verdadera cultura que existe en el pueblo. (Si llega a venir alguien de la farándula televisiva o toreadora, ¡hasta la bandera!)Aunque casi todos los asientos estaban ocupados y había alguna persona de pie, eran muy escasos los residentes. Eché sobre todo de menos a "los estudiantes" de ESO y Bachillerato.

El acto, las intervenciones de Fernando Cartón, Félix G. Modroño y Luciano López fueron de altísimo nivel.

Como "La Ciudad de los Ojos Grises", alcance el éxito que se merece, espero, y saquen un día a Félix en la tele, entonces a lo mejor se van a enterar los Profesores del IES (sobre todo los de Lengua), que en Villalpando hay escritores, además de toreros, novenas, votos, bares, y de estar a 50 Km. de Zamora, 80 de Valladolid y 100 de León. Esto bien que lo saben y es, para ellos, lo único de interés que tiene este pueblo.

¡Pero es igual!: ellos se lo pierden, nosotros disfrutemos leyendo a Félix, Luciano, Cartón, Álvarez Junco, y otros.

Saludos cordiales.

martes, 10 de abril de 2012

¿ENSILADO, bolas, o HENO, pacas.

Sabiendo que algunos agricultores y ganaderos se asoman por aquí, colgamos este trabajo, nada literario, pero que esperamos les sea útil.


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La irrupción con fuerza en la pasada campaña de las rotoempacadoras con mesa de encintado para la recolección y el procesado de los forrajes plantea el dilema del título.

Llevamos, desde que el primer ganadero de la comarca empezó a incorporar el ensilado (las bolas) a la ración de sus ovejas, primeros de julio de 2.011, tomando notas de raciones, producciones y estado sanitario de sus animales.

Además hemos de tener en cuenta ventajas e inconvenientes de ambos sistemas desde el punto de vista recolector.

El secado, henificado en campo del primer corte de alfalfa, y único de vezas, avenas, hierbas, tiene siempre la gran incertidumbre de la meteorología. Casi siempre se retrasa el primer corte, pendientes de los sucesores de Mariano Medina. Raro es el año que en la semana que tarda en secar no llueve. Dependiendo de más o menos, o como la pille si extendida o en hilera, puede ocurrir que el producto pierda desde algo de calidad a que se estropee del todo.

Ese gran riesgo se evita con el ensilado: un día se siega y al siguiente queda dentro de las bolas, ¡y qué llueva lo que quiera!.

Según esto, para los ganaderos que siegan forraje para autoconsumo, la opción no es dudosa: LAS BOLAS. Porque además, si el forraje es de mala calidad, gana más en silo que en heno.

Pasemos ahora a la decisión en el caso de los productores de forraje para venta.

Primera cuestión: las pacas tienen más demanda por su facilidad para el transporte. De ahí a tener en cuenta cuál ha de ser su mercado, la densidad ganadera de la zona que permita demanda de bolas en pequeño radio de kilómetros. Si el producto ha de salir de la comarca, el henificado o la deshidratadora son inevitables.

Pero supongamos, como ocurre en el lugar desde el que escribo, que pueda, según como venga la otoñada, existir demanda en la zona.

Además de las dichas, más variables hemos de considerar: precio del microensilado y del empacado, (encargado a terceros, como es lo normal), precio del forraje en bolas o en pacas; según los anteriores, el rendimiento y el abaratamiento o no de la dieta que pueda tener la incorporación del silo,…, manejo, sanidad animal. La cuestión consiste en saber si es posible conciliar rentabilidades para agricultor y ganadero.

Primera cuestión: ¿funciona el silo para ovejas de leche?. Exponemos datos concretos de la explotación estudiada.

RACIÓN POR CABEZA ANTES DEL ENSILADO.
Heno de alfalfa de buena calidad . . 1’5 kilos.
Mezcla a partes iguales de maíz, cebada y gránulo de alfalfa, 1’5 “ .
Torta de soja . . . . . . . . . . . . .. 0’5 “ .
Paja a discreción.

RACIÓN POR CABEZA CON ENSILADO.
Silo de alfalfa, bolas, de buena calidad,.. 2'8 kilos.
Mezcla de cebada, maíz, avena,.... 1'5 " .
Torta de soja. . 0’5 “ .
Paja a discreción.

A los precios actuales del heno, alfalfa en rama, poniéndole al silo un precio de 13 pts./Kg., se ahorra el ganadero 14 pts. diarias por cabeza.

Ahora las cuentas del labrador.
El primer corte en un buen alfalfar puede dar 3.000 kg./ha de heno, pacas.
Si lo mete en bolas, incluso algo marchito el forraje, esos 3.000 kilos se transforman en 8.000 de ensilado.

Supongamos que consigue un buen heno, y un precio en campo de 26 pts./kilo (me arriesgo a dar este precio sabiendo que la demanda de los E.A.U., y otros, absorbe toda la deshidratada, el 60 % de la producción nacional). De ahí desquitemos las 2 pts./kilo, por lo menos, del empacado.

El coste de los microsilos, de hacer las bolas, puede suponer 2’85 pts./kilo, lo que multiplicado por los 8.000 de la ha., supone un coste altísimo.

Necesariamente, dado ese riesgo del dinero que expone y adelanta, si no la vende hasta después de fermentada, el precio ha de ser el de a la mitad que esté el heno, sin sobrepasar nunca de las 13 PTS/KILO.

Si hacemos cuentas, también al agricultor le puede interesar.

CONCLUSIÓN: Con estos datos son compatibles los intereses de agricultores y ganaderos.






viernes, 6 de abril de 2012

Y LLEGARON.

Las ansiadas lluvías, e incluso nieve, ¡quién lo iba a decir!, un 6 de abril.

Comenzó el chispeo la noche del miércoles. Siete litricos habían caído al levantarnos ayer. Nos entró temor: -¡ sólo daban agua (ayer jueves) para hoy, a ver si levanta y se acabó!.

¡Pero no!: el Dios de la lluvia comenzó a llorar, poco a poco, al atardecer del Jueves de Cena. Se fue animando. A la hora de la procesión ya caían los canales. Así casí toda la noche. A las seis de la mañana llovía con ganas. ¡Qué delicia "arrecobijarse" en la cama!. El remate, en casi dos horas, la nieve.

VEINTICINCO LITROS tiene hasta ahora, el pluviómetro de Jesús. ¡Qué tranquilidad!: después de un mes de angustia, ¡¡¡salvadas las cosechas!!!.

En la semana anterior se palpaba la preocupación. Te encontrabas por la plaza en Extensión Agraria, en los bares, en la Rural, con la gente de los pueblos, o con los campesinos de aquí: -¡Y no llueve!. -¡Y no tiene pinta de que lo vaya a hacer!. -¡Dicen que pa Semana Santa..!. -¡Ojalá, aunque no salgan las procesiones!. -!Todavía llegaba a tiempo!. -Si el campo, gracias a las lluvias de otoño, está bonito, aunque en invierno no haya caído ni gota. -¡Ni falta que hace: pa las alfalfas y pa todo., ahora, ahora es cuando tiene que llover!.

Ganaderos de miles de cabezas, que algunos hay por la comarca, tanto de ovino como de bovino: -si el problema mayor no es el pienso, aunque esté y se ponga por las nubes, el problema es la paja, los forrajes, porque la situación de sequía es general por toda España,...

De haber continuado a mí me preocupaba mucho la ganadería. Los hombres están luchando a brazo partido. Están quedando los buenos, los eficientes; pero ante un palo de una sequía general, unos cuantos no lo hubieran soportado.

Y luego la situación de la nación. Nosotros hemos regado donde teníamos posibilidad. Decía Sara, aunque tengamos seguro integral, y cueste caro regar, es un deber moral, social.

Porque el planeta necesita alimentos. No es aquello de hace unos pocos años cuando el cereal estaba "tirao", y si subsistió la agricultura fue gracias a las ayudas de la PAC. Ahora no. Ahora nos los quitan de las manos. Y las legumbres, los forrajes (millones de kilos de heno de alfalfa para Arabía Saudita), el girasol, las carnes (están pagando a 40 euros por las ovejas de deshecho; miles sacrifican en el matadero de Quintanilla del Molar. No sé dónde las comerám). De leche empieza a haber una mayor demanda. Esperemos le paguen un poco más a los pastores.

Estas lluvias de hoy son vida, riqueza para toda la Comarca, para todo el País. ¡Benditas sean!.

lunes, 2 de abril de 2012

CARRERAS PEDESTRES, PREGÓN Y LIBROS.

Jornada de gran animación la del pasado sábado. Se celebró el PRIMERO MEMORIAL CHEMA MARTÍNEZ. Chema ha sido campeón olímpico de los 10.000 metros. Lleva años en lo más alto de la élite del atletismo. Su madre, Mercedes, es de Villalpando, de la numerosa familia de Eumenio, "El Tocinero" y Sagrario.

Dice el periódico que hubo 500 participantes. Creo la cifra exagerada. Son ya muchos 250, que por ahí andaría, y es que la competición abarcó todas las categorias: "Chupetines", ahí corrió Rodrigo, quien con tres años, a ratos, chupa chupete; alevines, infantiles de distintos años, juveniles, cadetes, hombres mujeres, senior de distintas edades, categoria absoluta, locales,..; y, mención aparte las "andarinas".

El Ayuntamiento contó con voluntarios en la organización: Luis-Antonio Prieto; Jesús Mazariegos, Nazaret Martínez, gente del Club Atletismo Benavente, y más que no recuerdo. Muy importante la colaboración de "Protección Civil" y los patrocinadores: Caja Rural, la que más, Duero-España, Adri-Palomares,... (a los que olvide pueden mandar mensajes corrigiendo).

A pesar de las distintas categorías, de la alta participación, de los muy distintas distancias y recorridos, LA ORGANIZACIÓN FUE PERFECTA.

Los resultados importantes vienen en La Opinión de ayer. Por eso sólo voy a dar cuenta de los locales.

En categoría infantil el ganador absoluto fue Javier Juárez Toranzo, en juvenil el segundo puesto fue para su hermano mayor Carlos (estos sí vienen en el periódico); en alevines (cuatro años) el tercero fue Edu Modroño( a estos pequeñitos a todos les ponían una medalla y ¡ya estaba!). En mujeres la familia Manrique Vecino fue al copo. Los tres primeros puestos para Inés y sus hermanas. ¡Además de guapas, buenas atletas!.

En la categoría absoluta masculina, en que los ganadores de Clubes de atletismo de Zamora, Toro y Benavente completaron la legua en 17', los primeros locales fueron: Jonatan Pérez de Dios y su hermano Gustavo, nietos de Ramón, "El Gallego", en tercer lugar Álvaro Modroño Riaño, a pesar de que en la salida hizo lo que el "galgo de Lucas", y perdió un minuto, treinta segundo y 48 décimas.

Las andarinas llegaron en dos grupos y otras, al final, diseminadas. Como entraron tan compactas me fue dificil precisar a la ganadora, por ahí debió andar entre Gema, la Concejala y Elena la Administrativa.

Chema dio la salida a todos los grupos, firmó autógrafos a todos los niños, sonrió a todo el mundo, se fotografió, creo que menos con Job, con todo el pueblo y participantes. ¡Fenomenal Chema": amable, sencillos, simpático.

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Fui de exprofeso a escuchar a Reyes Feliz Manteca. Cuando yo entraba en la iglesia, me dolía ver como la mayoría de la gente que habia asistido a Misa y sermón, salía. Comprendo que después de tan larga ceremonía, incluida procesión que muchos pasaron en la iglesia para no perder el sitio, la gente estuviera ya con ganas de salir; pero es un detalle de descortesía. Son quince minutos más. ¡Ya de puestos!.

Además el pregón pronunciado por Reyes fue emotivo, (siempre ocurre cuando se cuentan vivencias infantiles), recordando, así, como de pasada, a gente tan próxima a
ella que ya no está: sus padres, su hermano Susi, Adolfo,...; o tiernos detalles familiares, referidos a sus hermanos "Jacin", Pitucha, al niño que "salía por la puerta trasera para poder echar la limosna en la bandeja del cofrade que cerraba la calle".

Tuvo el acierto de ir intercalando preciosos versos (hay donde escoger) de Luciano López, de Pablo Modroño, del Padre David.

Alto ha dejado Reyes el pabellón de primera pregonera femenina.


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LIBROS: El pasado viernes Luciano López Gutiérrez presentó su ensayo sobre el Siglo de Oro Español, en el Museo Etnográfico. Ya estoy deseando leerlo.

El próximo Sábado Santo, Félix González Modroño presenta su cuarto libro, tercera novela: "La Ciudad de los Ojos Grises", nada que ver con las dos anteriores, ni en cuanto a la época, ni a la temática. Ésta se desarrolla muy cerca de donde él nació y se crió, Bilbao, París, y a comienzos del siglo XX. Sé que está muy bien documentada y construida con gran calidad. Como el libro no está aún en librerías, la información procede de uno de sus presentadores, Fernando Cartón. El otro presentador será el citado Luciano López. ¡Vaya trio de lujo!. Si estuvieran Álvarez Junco y Ángel Infestas, tendríamos al completo a la intelectualidad villalpandina.

Que, aunque no se hable de toros, merece la pena asistir a la presentación de este libro. Las disertaciones de presentadores y autor no van a tener desperdicio.

Si los profesores de Lengua del IES tuvieran alguna vinculación con la villa, deberían incluir en la actividad de sus alumnos la asistencia al acto y redacción de un resumen. Fernando, Félix y Luciano son "autoridades" en matería de lengua.

De todos modos los que asistamos y llenemos el salón, algo aprenderemos.

Saludos cordiales.

viernes, 30 de marzo de 2012

NOTICIARIO LOCAL- SEMANA DE PASIÓN.

Salgo del funeral por Sor Clara. Una monjica menuda, de carita fina, siempre sonriente. Antes de llegar las más jóvenes de Salamanca, tocaba el armonio. He hablado con familiares. Son de una aldea de por encima de Villamañán, donde empieza a ondularse la meseta, tierra pobre de viñas, patatas y centeno. Allá, en su pueblo, en su casa de familia numerosa, se llamaba Magdalena Martínez Casado.

Entró en este convento hace 66 años, cuando tenía 16. Sólo una vez, parece ser que por un motivo de enfermedad, estuvo en la casa paterna. Ni cuando se murieron padres, ni hermanos. Una cuñada lloraba muy desconsolada porque no le había podido siquiera ni dar un beso.

En la posguerra aquellos, estos pueblos y aldeas poblados de familias numerosas, con un peso muy fuerte de la religión, nutrían seminarios y conventos. Me parece, y me dicen los familiares, que ha sido feliz. Espero, deseo que aún más, lo siga siendo.

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Esta tarde será el funeral y entierro de Antonio Prieto Suena. Me dio la noticia Sara esta mañana y me puse triste. No quise seguir oyendo la radio, en el desayuno. Preferí hablar con ella de Antonio, recordando las peripecias de su vida. De cómo un accidente laboral, de muy joven, lo marcó para siempre. Nos llevábamos muy bien. Antonio era un hombre inteligente, sufrido, resignado, de muy buen caracter, siempre dispuesto a la sonrisa. Es protagonista, sin nombrarlo, de alguno de mis relatos. Uno de mis informantes de la perra vida en aquellos años, de aquellas familias que intentaban sacarle al Raso algo de comida. Jamás lo vi enfadado, ni soltar una grosería o una blasfemia.

Sepan sus familiares que comparto con ellos su dolor.

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Como la cosa va a desgracias, bien que lo siento, anteayer se le quemó la casa, con todo lo que había dentro, a Avelina, "La Huesito" y Ventura, de los "Cachurres". No saben el origen del incendio. Al llegar de su habitual paseo y abrir la puerta les dio la tafonada de humo y calor. Intento entrar a salvar algo y se quemó una mano. Se han quedado con lo puesto. Parece ser que el tejado y la estructura no están dañados, por lo que se podrá recuperar.

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La última: Hace unos días Antonio Pérez Allende se cayó desde el tejado de una nave, al romperse una uralita de esas transparentes, que pisó, y cayó al suelo, en el interior de la misma, de una altura de más de siete metros. El milagro, del que todos nos alegrámos, es que está vivo, que su vida no corre peligro, aunque las fracturas son serías, si bien no afectando a partes vitales. Parece ser que la médula espinal está integra. El coxis, bien se suelda. Él es un hombre vital, lleno de salud. Todos deseamos que se recupere.

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Y por terminar con un poco de buen sabor de boca, contarles que ya está en el mercado el disco de "La Maquila". Suena muy bien; y que "el hombre del tiempo da agua pa el domingo". ¿Será por eso de Santos mojados, Ramos enchapazados?. ¡Dios lo quiera!.

jueves, 29 de marzo de 2012

CARTA AL JEFE DEL SERVICIO DE RESTAURACIÓN DE LA JUNTA.

Sr. Jefe del Servicio de Restauración de la Junta de Castilla y León:

Después de haber agotado la exposición de quejas ante las autoridades locales y las provinciales de Patrimonio, aconsejado por Hortensia, quien me atendió con extensión y amabilidad, pero sin disminuir mi preocupación, me dirijo a usted como último recurso por la vía del diálogo.

A poco que se sondee la opinión de los vecinos de Villalpando, se verá le preocupación por el cariz que va tomando la obra. Ello se refleja en mi bitácora, http://sobrevillalpandoycomarca.blogspot.com. Si usted se asoma, verá la cantidad de mensajes en contra.

El desacuerdo general es sobre la calzada que, arrancando de abajo, cruza cubos, arcos y paredes intermedías, hasta el asfaltado de la plaza de San Andrés.

Dicha calzada está delimitida por dos muretes que se elevan del antiguo piso en una altura que calculo de 60 a 70 ctms., llegando hasta la altura de los zócalos del arco del Naciente, el del siglo XVI. Como supongo que usted lo habrá visto y, además, le adjunto fotos, creo innecesarias más explicaciones, sobre lo mal que eso queda.

Me aseguran que esos muretes de hormigón van a quedar ocultos, pero nadie me dice cómo. Se me ocurre que los pueden enfoscar imitando cal y arena o chapear con canto rodado u otra piedra. Solución con la que no se evitaría el perjudicial y antiestético hueco que ya se ve entre los dichos y cubos,arcos y paredes.

La otra solución, la de taparlos, llevando hasta su altura el piso de la calzada en la parte interior, como parece que va a ocurrir, y con graba o lo que sea en la exterior, supone tapar el zócalo de los arcos, dos hiladas de la piedra de los cubos en el arranque de los arcos, e igual en las paredes interiores. Una disminución de la altura del arco, al elevar el piso. Romper la estética del edificio modificando la obra original.

No acepto que el motivo de esos muros sea reforzar la estructura del edificio. En todo caso podrían ir bajo tierra, como van en lo que están haciendo en la parte superior y laterales del edificio.

Más peregrina es la idea de que los susodichos se construyen para evitar "las humedades". Sobre esto de las humedades deberían los técnicos ponerse de acuerdo.

Al excavar en el perimetro de los cubos, hemos visto un cincho que, en principio, nos pareció el cimiento original de canto machacado, cal y arena. Hortensia me demostró que ese cincho es de alrededor de 1950, para reforzar el monumento, cuando se derribó el contrafuerte que tapaba una grieta, de arriba abajo en el cubo de la izquierda según se baja que, de niño recuerdo. Y hay fotos. Y QUE ESE CINCHO, CON HORMIGÓN DE LA ÉPOCA, sin hierro, piedra machacada, cemento "El Cangrejo" y arena de los caminos (de ahí la confusión con cal y arena), ES EL CULPABLE DE LAS HUMEDADES POSTERIORES DE LOS ARCOS. ¡Pues si el hormigón es el culpable de las humedades, ¡apaga y vámonos, con el que están metiendo ahora!.

En cambio el motivo de las humedades, según el Arquitecto Sr. Cobos, a quien se lo oí personalmente, fue el rellenado y desaparición de la "Laguna Redonda", cuyo nivel, cuando se llenaba, estaba de dos a tres metros por debajo que la base de los cubos. Extraño me pareció. El agua de la tal laguna, alimentada por la cava, era de lluvia. Al rellenarse, y el agua de lluvia discurrir por el alcantarillado (por donde iba la cava, va el colector general), desaparecieron agua y humedades. Todavía si el agua de esa laguna hubiera procedido de capas freáticas, por capilaridad, podría ello tener alguna explicación. Y, aun así: ¿por qué la Puerta de Villa había de ser el respiradero de las humedades subterráneas y no las casas contiguas, de adobe y tapial y menor altura, casi al nivel de la laguna?. O, ¿por qué la torre y el arco de Santiago no tienen humedades si también se tapó "la cava" que las circundaba?.


¡Y SOBRE TODO!: ¿Por qué desde que limpiaron el interior de los cubos han desaparecido las humedades?. PORQUE ESE RELLENO DE TIERRA, que rebasaba las saeteras, ERA EL CULPABLE DE LA HUMEDAD DE LOS SILLARES DE ARENISCA TAN PERMEABLES.

¡Mire usted!: antes, por su experiencia, por sus recuerdos, se tenía en cuenta la opinión e información de los "senior", (como es mi caso). Y, recuerdo perfectamente cuando en el interior del cubo de la derecha estaba una casica del Sr. Félix, "El Roiso", y en el de la izquierda el lagar del Sr. Jerónimo Villasante, por lo tanto ambos cubiertos, NO HABÍA HUMEDAD.

Si usted, o el Sr. Cobos, me contestan, aceptaré sus explicaciones si son convincentes, desde el punto de vista de la lógica y el sentido común, no con tecnicismos en los que, ni siquiera los profesionales, se ponen de acuerdo (léase el primer informe del Arquitecto Sr. Román, por ej.). Fórmulas y ecuaciones hay para todos los gustos. Y eso en cuanto a la seguridad del monumento. En cuanto a la estética en eso si que no nos pueden apabullar los "ingenieros". Es universal. Meter una calzada del XXI, recreciendo el suelo de un monumento medieval, tapando sillares que siempre estuvieron al descubierto ES ANTIESTÉTICO, antipatrimonial.

Espero sus noticias que deseo tranquilizadoras. O si usted lo tiene a bien esas explicaciones podrían dárnoslas "in situ" a las personas que estamos preocupadas.

Reciba mi saludo cordial.




Firmado: Agapito Modroño Alonso.

martes, 27 de marzo de 2012

VENGO DE ZAMORA.

Pues es que hoy en la UNED han presentado el libro, "III PREMIO. MEMORIA DE LA EMIGRACIÓN CASTELLANO-LEONESA", compuesto por una serie de relatos de emigrantes, dentro o fuera de España, o de personas que conocieran y vivieran el fenómeno migratorio.

Soy autor de uno de esos relatos publicados, titulado "YA DE VEZ". Por ese motivo he compartido la presentación del libro con el Director, Juan-Andrés Blanco. Allí estaban todos los medios de la provincia y "saldremos en la tele", "Canal 8", lo cual, después de salir "Chapirú", no tiene tanto mérito. También las radios. Ahora, ya en directo, según venía de Zamora, me han entrevistado en Onda Cero. Antes de empezar el acto me entrevistó una preciosidad de RNE. Si bien donde me espepité bien fue na la rueda de prensa. A ver lo que sacan en la tele. ¡Tranquilos!: que no hablé de la Puerta Villa ni de la Junta Parroquial.

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¡Bueno!: y ya que estaba en Zamora, me fui a hablar con Hortensia, la responsable de Patrimonio en la Provincia. Aquí sí hablamos, y mucho, de la Puerta Villa. Vimos en su ordenador muchas fotos, de todos los pasos de la obra. Me dio explicaciones de todas las actuaciones históricas, aparte de teléfonos y direcciones electrónicas del Arquitecto y del responsable en Valladolid. (Oculto otra confidencia que me hizo).

Viendo en una foto que EL MURO TAPA HASTA EL ZÓCALO EN LA BASE DE LOS ARCOS, ante su afirmación de que los muros van a ir ocultos, lo mismo que dicen todos. Le pregunto, ¡COMO A TODOS!. Y, ¿cómo se van a tapar los muros sin tapar los arcos y parte de los cubos y las paredes?.

Me respondió tan pancha: -"El suelo va a quedar a la misma altura que estaba antes, ya que hasta ese resalte, el del zócalo (insistimos, donde se sentaba Garibalde), ¡¡¡¡¡ERA CIMIENTO!!!!.

Como hay millones de fotografías y nuestra "Puerta Villa" está en la mente de todos los villalpandinos. ¡¡¡DÍGANME!!, si el suelo anterior llegaba hasta la altura del actual muro, hasta el borde del zócalo. Si, no le van a restar luz y gracia al arco de abajo.

Esa es la cuestión. A los primeros que me gustaría convencer (no convencerlos, sino pedirles que abran los ojos, que miren y vean) es a los miembros de la Corporación. Creo que con el Arquitecto será inutil hablar, según Pablo es un "medernista" y tiene no sé cuántos premios. De que intenten taparme la boca desde un sillón ("porque aquí quien manda soy yo", o "porque tengo no sé cuántos títulos") tengo triste experiencia con jueces y otros titulados. Si lo voy a intentar con el responsable máximo de Patrimonio de la Junta.

Y ahora es el momento para quienes han mandado mensajes más o menos incendiarios y preocupados, de que echen una mano. Se trata de hablar, de dialogar, no de huelgas de hambre ni de insultar a la Corporación. Luego sale el Teniente de Alcalde, que es afable y dialogante, y ¡to dios recula!. Y no porque nos haya explicado cómo va a quedar bien lo que está ya muy mal.

De todos modos si alguien quiere ayudar, se agradece. QUE NO ES IR EN CONTRA DE LAS PERSONAS, DE LA CORPORACIÓN. ¿Cómo voy a repetirlo?. Si no encuentro ayuda, tampoco me asusta, de ello tengo mucha experiencia. ¡PERO QUE NADIE, CUANDO SEA IRREVERSIBLE EL ESTROPICIO ME DIGA: ¡¡QUÉ RAZÓN TENÍAS!!. Ni nadie ahora, por los bares o la calle, me critique lo de los muros.

He dicho.


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Ahora cuelgo el relato, ¡cómo ya está editado!, por si alguien tiene la paciencia de leerlo.

RELATO MEZCLANDO DE AQUÍ y DE ALLÁ , III PREMIO, “MEMORIA DE LA EMIGRACIÓN CASTELLANO-LEONESA”, escrito hace unos diez años. Lo edita la UNED.



YA DE VEZ.
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I. - Desde la cuesta de Gebres, pasada la divisoria de provincias, diviso, por fin las torres, el silo, y la “puerta villa”. ¡Sí!: es mi pueblo. Ahora, cuando baje del autocar, al acercarme a casa, Felicitas, “La Botera” y la señá Lucía, La Herradora me dirán: ¡ Eh chacho!, ¿Ya vienes de vez?. Les contestaré: - -Sí, ya vengo para quedarme.

Quedarme en el pueblo en que nací, en la casa de adobe y tapial de mis padres; aunque la hemos remozado un poco: caravista en la fachada, cambio de algunos tabiques y montar el cuarto de baño. Muebles hemos ido trayendo los que allí no servían. A ellos como a mí, trastes viejos, nadie los quiere.

Quedarme en el pueblo de escuela, juegos y trastadas, donde el pan era escaso pero sabroso, en el pueblo de sudores, lágrimas y alegrías, donde descansan mis antepasados y está enterrada mi mujer.

Marché en el 55. Estaba enamorado de Carmela. Eramos novios desde poco antes de ir a la mili ya dos años que me había licenciado. Estabamos deseando casarnos. Mi padre y mis tíos tenían juntos la poca labranza y la aguardientería. Yo era el segundo de hermanos y primos. Si me casaba habría de buscármelas. Para otra casa no daba el negocio. Cada año quemábamos menos, había menos orujo¸ se estaban ya escepando los majuelos y se vendían las uvas a los camiones. Para tener que ir a servir a un amo preferí marchar a trabajar a Bilbao.

Es verdad que me salió un ajuste de mozo de año en ca Las Gallegas . Me daban doce cargas de trigo, garbanzos para el gasto, un carro de paja y otro de leña, pero me di cuenta que llegaban los primeros tractores y dentro de poco íbamos a sobrar muchos.
Además, yo en la escuela era de los más espabilados. Aprendí a leer, escribir y las cuatro reglas. También a cubicar y a medir tierras en yeras y en cuartas y pensé que de algo me serviría para ascender en la fábrica.

II .- El autocar me deja en la carretera. Bandadas de vencejos siguen limpiando el aire de mosquitos.

Aunque María, La Soberana, tiene llave de la casa para ventilarla de vez en cuando y vigilar por si la helada revienta alguna tubería, saco mi llave. No la molesto. A estas horas estará ordeñando.

Encuerda la campana de Las Monjas. Creo que ahora dan a un botón para tocar o ponen
un disco rallado por el altavoz, pero es el mismo sonido que a las seis de la mañana nos despertaba en la riebla; a las tres, después de comer : “a la escuela que toca La Monja”; la misma que metía prisa a mi madre para ir a Misa al Convento.

Neme, con su lenguaje, me cuenta por el camino que va a llevar él la pendoneta en la procesión del Corpus, que Palomo es un meticón y no le va a dejar. Al llegar a casa acepta los dos euros y se retira prudente. Intuye que prefiero enfrentarme a solas con el sopetón de la entrada, al abrir la puerta y reencontrarme con los objetos pero no con las personas.

Entro por la trasera al portalón que separa la vivienda de la cuadra con pajar. La habitación que era de mis padres, da frente a la puerta de esa cuadra. Así, por la noche, oían si el ganau trastarbadeaba, comían o se enrataban con el ramal. También si entraban a robarlo. Una mula valía más que una senara y si se moría caías en manos de prestamistas que te chupaban la sangre.

Con esto de la prosta ya no aguanto más. Tendré que mirarlo. Estas gotas nada me hacen. Lo hago en la cuadra, como en el invierno o cuando llovía.

En la viga del cerral han anidado las palomas, y golondrinas en los machones. Vuelan asustadas y casi me dan en la cara.

Espitada la vejiga, aunque algo de orrura debe quedar dentro, que no deja se vacee del todo, empiezo a fijarme en lo que me rodea.

Mi padre, como nos fuimos marchando todos, siguió con las mulas hasta que dejó la labranza. Y ahí están todos los arreos colgaus de la pared: las cabezadas con antiojeras y cascabeles, los collerines con francaletes y sobadas almohadillas; el sillín con una calcomanía borrosa de una artista y las iniciales de mi tío con clavillos; la zufra, la barriguera, la retranca, los tiros de cadena, forrados de cuero, hasta la tralla. Colgados de los pesebres están, los cabezones que estrenaron La Pastora y el Castillo, mula y macho yeguatos que llegaron a los diez y doce dedos.

Fueron la mejor pareja de reata del pueblo. Se la compraron mi padre y mis tíos a Vicente “El Pastor”, en el otoño del año malo por mil pesetas. No había habido cosecha y el ganau se puso regalao. No había ni paja para darles de comer. Cuando llegaron a casa casi no se tenían. Estaban muerticos de hambre. Entonces con lo del aguardiente mi familia marchaba menos mal. Pudieron comprar unos sacos de salvaus; con eso, con orujo destilau, con vides de los majuelos y con grama, que cogíamos los muchachos, los fuimos sacando durante el invierno. Vino la primavera del año bueno y les traíamos en la yeguica buenas cargas de mielgas y yerba de ojo. Se pusieron como nansas y estaban deseando salir de la cuadra pa retozar. Aquella primavera le ofrecieron a mi tío mil pesetas por la pareja.

Los domó Máximo Chupalaceite, que había sido Carromatero, a la costumbre arriera, pero hasta meter al Castillo en varas y a La Pastora en tiros, ¡menudos cirios por la era.!

Los enganchaban a trillar al principio de la trilla, cuando el bálago estaba entero. Poníamos una piedra y nos montábamos dos en el trillo. Máximo sujetado a los ramales y yo agarrado a él. Tenían tal poder que corrían con el trillo como perro con lata al rabo. Acabábamos revolcaos y arrastraos por la trilla, él agarrado a los ramales y yo a sus piernas, rebozaos de paja y muertos de risa. Chupa, cuando se salían de la trilla soltaba los ramales y a nosotros y a los vecinos de era nos tocaba andar corriendo entre las parvas pa sujetarlos.

Recurrimos a montarnos cuatro en el trillo, cuando el bálago ya iba trillado, porque si no aparvaba. Entonces, cuando ya tenían mucha jabonada, se paraban, reculaban, tiraban coces, pa echarnos del trillo y volvían a correr. ¡Qué risas y qué números. Al San Antón siguiente nos sacó “El Tobo” en los refranes.

Ya, a base de sujetar uno a cada uno con el acial por el morro, se fueron amasando. Después fueron la pareja más noble y tiradora del pueblo. Todos lo decían en las tertulias y a mí, que era muchacho, me llenaba de orgullo.

Compraron, mi padre y mis tíos, un carromato al carretero de Fuentes, grande, fuerte y ligero a la vez que “cantaba” como ninguno. Las pinazas , los rayos, el buje, el cubo, los aros, hasta los sotroces eran mucho mas gruesos que el de los mejores carros de violo de las labranzas grandes.

¡Además!, encima del desojao llevaba sobreteleras que enganchaban con el tablero de adelante. Por detrás metían tablas hasta arriba. ¡Qué carraos traían Saturio y mi tío Antonio de Villafáfila…! El Castillo sujetaba como ninguno los emburriones de las varas a los baches. ¡La Pastora tiraba con una alegría, haciendo sonar los cascabeles…! Al subir el repecho del corral, ¡cómo se estiraba!. Sacaba chispas de las piedras. No necesitaba ramales. Al grito de ¡Riiiiiiiiia…! Giraba a la izquierda. Al de ¡Booooooooo….! A la derecha.

Se me hace de noche y estoy embobao con el recuerdo. El Castillo acabó, lleno de manqueras y mataduras hecho cecina “an’ca los Periquitos. La Pastora tuvo mejor suerte: amaneció muerta. Todos llorábamos, hasta a mi padre se le derramaron dos lágrimas erosivas que cavaron dos cabenes en la besana de su cara. Los vecinos le daban el pésame. Entre todos la sacaron tirando con una soga. La cargamos en el carro del Calduvero y la llevamos al Barrrero, pero no la dejamos al sol, para que la comieran los buitres. Le cavamos una fosa. Encima le pusimos una cruz hecha con los dientes de una bielda vieja.

Me decido a entrar en casa. Abro las maletas. Hago la cama. María lo tiene todo limpio. No me hacen falta fotos. Veo la imagen de mis padres por todos los rincones. En todos los objetos: en el almirez de encima de la hornaz, (aunque en la lumbre de antes hemos puesto una chimenea francesa, de esas encajadas con un cristal de puerta), en el despertador parado con la campanilla muda, en la alacena de la despensa.

Subo los tres escalones del doble sobre la bodega. Eso está igual: las mismas maderas renegridas del piso y el techo, al artesa en que mi madre amasaba el pan, los varales en los que colgaba uvas y se curaban los chorizos, los costanizos en que, una vez al año, vareaba la lana de los colchones, después de lavarla.; la cantarera, la espetera, los barreños de amasar las chichas, el arca, los baúles,….
El alma de mis padres, de mis hermanos, mi niñez, mi juventud están en todas esas cosas. En “El Promotor” que leía mi madre, en un calendario del 70, en el rosario de cuentas desgastadas,…..¡Pero no están ellos!. Me invade una sensación de tristeza, de inmensa soledad.

María, que ha visto luz, llega con leche, ya hervida, magdalenas y fruta. -¡Si necesitas algo ya sabes donde estamos!.

Apunto su teléfono, aunque vive pegando, por si me pasa algo por la noche. Los voy a poner en la mesilla, junto al de mi sobrino y el del Centro Médico, debajo del móvil. Me lo han regalado los hijos para tenerme localizado. Sus números los sé de memoria, pero, corriendo van a venir si me pasa algo.

La visita de María con las viandas me ha reconfortado el cuerpo y el alma. Resulta que no estoy tan solo. ¿No lo estaba más en el piso cuando mi hija se marchaba…?. ¡Si los vecinos ni siquiera me saludaban en la escalera…!. Pongo la radio. Hoy no ha habido atentados en el País Vasco y da lluvias en la cuenca del Duero. Me echo a dormir y sueño que madre me acocha en su regazo.


III .- Me despiertan los pardales. Voy a la tienda y a la botica. Me aprovisiono de lo necesario. Hay poca gente en el pueblo. Con alguien me encuentro. Todos me saludan y preguntan: ¡Qué! ,¿ya de vez?. A todos les alegra la respuesta.
Ordeno la casa y organizo mi subsistencia. Desde que se murió Carmela, como la muchacha pequeña estaba estudiando , los demás casados y yo recién jubilado, empecé a encargarme de la casa. Ahora me valgo sin problema. “El buey solo, bien se lame”.
Preparo un ramo con espliego, cardo amarillo y amapolas. Con esto de los herbicidas
casi no encuentro. Se lo llevo a Carmela. No es igual que cuando le ponía en la ventana, de mozos, el ramo de Mayo.

Le cuento lo de la pequeña. (Vino tardía cuando ya los otros eran mocicos. A todos les dimos estudios y están bien colocados. Ésta ha tardado más).

Un día me dijo que iba a traer un compañero a vivir con ella en el piso, que eran pareja de hecho. Antes a eso le llamábamos estar amontonados.

Su madre la dejó muy joven. Intenté suplir el cariño que le faltaba y ella se refugiaba en mí. Nos queremos mucho, pero es ley de vida. Me presentó al muchacho. Parece bueno. ¡Ojalá se lleven bien!. Se echó a llorar cuando le dije que me venia al pueblo. Los otros también decían que me quedara con ellos, pero no quiero ser una carga. Así creo que me querrán más. En estas parejas de ahora, si no tienen tiempo para los niños, ¡cómo lo van a tener para los viejos….!

Pero no me quejo. Estoy contento de volver para quedarme, de sentir en el rostro el frescor del viento que huele a alfalfa seca y a tierra húmeda, de lavarme con el mismo agua con que mi madre me lavaba, de oír las mismas campanas, majar el ajo a las cigüeñas, silbar a los tordos, arrullar a las tórtolas, maullar por la noche a los gatos en celo. De recrearme con una sugerente, por vieja, trasera de madera, la puerta de una panera o el bocarón de un pajar.


IV.- Carmela era la muchacha más guapa del pueblo. Alta para la época y muy limpia. Estuvo en la escuela de “Las Hermanas” hasta los catorce años. Yo había salido unos años antes de la de “Villa”, para ayudar a arar al rebezo, más de un golpe me dio la mancera en la barbilla al chocar el dental con algún morrillo.

Las Hermanas enseñaban mucho: de escribir, de cuentas , de labores y de virtudes. Las madres, en casa, completaban la educación. Eran aquellas muchachas muy mujeres de su casa. Su trabajo, su orden, su diligencia eran vitales en aquellas sociedades rurales. Igual sabían zurcir que bordar. Tejían jerseys de lana, que hasta habían hilado, si eran pastoras. Remendaban la ropa vieja. Componían la de los mayores para los pequeños. Carmela, en Bilbao, hacía la ropa para los niños. Sabían teñir, cuando había algún luto; cocinar en la lumbre; echar las cluecas; sacar las polladas, dar el cachetero y desollar conejos; lavar la ropa en el barreñón con la tabla; planchar con la de carbón.

En la matanza desurdir, rallar las tripas, derretir las mantecas y sacar los coscarones, componer las chichas, llenar chorizos y salchichones, curar los jamones, echar en zuza, meter en manteca,….. 5

Carmela, como todas las mujeres de por aquí, iba poco al campo. Sólo a coger legumbres, almendras y a vendimiar;. a barrer solares en la era y a ayudar en las limpias. Se ponían pañuelos para que el sol no les estropeara la piel.

Empecé a fijarme en ella cuando empezó a espigar y a granar. Reventó como capullo de amapola, y atraía las miradas de todos en el caño, en El Paseo y en las iglesia. Yo procuraba ir a dar agua cuando ella iba con el cántaro al cadril y el caldero de la mano al caño de San Pedro. Intercambiamos sonrisas y miradas furtivas.

Sus padres no le dejaron entrar en el baile hasta los dieciocho. Así lo hacían las más decentes. Ese día estrenaban todo: vestido, medias, la prenda que realzaba su busto, (de esto los muchachos no teníamos ni idea), carmín y emociones.

Cuando la vi entrar, con las amigas, me dio un vuelvo el corazón. Me apresuré en ser el primero en pedirle baile. Tocaba la orquesta de Los Gelasios “Lirio Azul”.

En aquellos tiempos cuando muchachos y muchachas estabamos separados en la escuela, en los juegos, en la iglesia, cuando vivíamos y vestíamos de formas tan distintas, cuando nos desconocíamos tanto, tener, de golpe y porrazo, tan cerca a un ser tan idealizado era una emoción con nada comparable: tocar ese cuerpo trémulo, aunque sólo fuera con las manos, mirar esos ojos, ver el rubor, dulce traicionero que delataba el interior de aquellas recatadas muchachas, aquel olor a limpio, aquel perfume delicioso,…..

Al acabar el baile volvió al corro con las amigas. Los muchachos hacían cola para pedirle baile. A mí no me volvió a tocar hasta pasados cinco. Su madre le había advertido que cumpliera con todos, que no diera caradas a ninguno. Yo, que antes de entrar ella en el baile, no perdía pieza, aquella noche no me interesó bailar con ninguna más. Me apoyé en un poste y veía como los patanes le ponían las manazas encima. Me parecía una profanación, como si en Misa cogieran el cáliz, sobre todo los que chuleaban por tener más tierras. Ella consolaba mi tristeza mirándome con delicioso mohín.

Aquello fue por la Feria. Desde entonces empecé a hacer méritos para merecerla: araba más derecho que nadie; tajeaba todo lo que el par podía; en las limpias, no dejé que nadie me relevara a la manivela de la aventadora; aprendí a sembrar a dos manos; arriesgué como ninguno en la capea por la fiesta; superé la prueba del organista y empecé a cantar los solos en la Novena de la Dolorosa; compré, por correspondencia, y estrené los primeros vaqueros que entraron en el pueblo; me arremangaba la camisa y mostraba unos brazos y un tórax musculosos; me afeitaba dos veces a la semana y todos los domingos, después de jugar a la pelota, me bañaba en la pozaleta.

Pasaron muchos domingos. Pasó una Cuaresma y no conseguía que sólo bailara conmigo.
Aquel domingo de Pascua ya dio muchos menos bailes. Dejó de ir al corro y bailaba dos y tres seguidos conmigo. Los moscones, cuando vieron que aquello tenía dueño, dejaron de zumbar.

El salón de Los Mantecas estaba lleno a rebosar. En los anfiteatros las casadas no perdían ripio de lo que abajo ocurría, pero la burbuja de la incipiente intimidad compartida nos aislaba del bullicio.

Al salir a los soportales llovía a cántaros. Yo había cogido el paragüas, por si acaso. Ese fue el pretexto para dejarse acompañar hasta casa. Al llegar a Las Cuatro Calles el reguero venía muy crecido. Nos refugiamos en la portalada de Cossio. Allí le declaré mi amor.

Ella, con los ojos en el suelo me respondió: “Yo también te quiero”.
Empezó a tocar La Queda y salió corriendo por la acera. La pillé cuando estaba a punto de atrochar para cruzar por lo más hondo. Sin que pudiera impedirlo la cogí en goris, se agarró a mi cuello y, con el agua por la pantorrilla, deposité tan dulce carga en la otra acera. Ella, roja, me “reprochó”: ¡atrevido!. Me besó en la mejilla y me dio con la puerta en las narices. Aquel día empezamos a ser novios.

V.- En el Camposanto leo las lápidas. A casi todos los conocí. Los hay de mi quinta y más jóvenes. Sobre la tumba de mi abuelo hay una cruz de esas de hierro negro con florituras. Está furruñosa, casi no se leen las letras.

Con él aprendí lo que era la muerte y con mis hijos lo que es la vida. Sentía mucho dolor por la suya y temor por la mía.

Usaba traje de pana y una faja de esas de flecos enrollada a la cintura de la que llevaba colgando el moquero.

Fumaba tabaco de cuarterón y hacía los cigarros todo lo gordos que daba de sí el papel. Por eso le llamaban “Piporro”. Lo de fumar era todo un ritual: la petaca, el librillo, la mecha en un canuto, la piedra de trillo, el eslabón. El Médico le prohibió fumar, pero no le compensó la opción prometida de vivir cinco años más.

Nos hacia las pelotas para el frontón. Rutiaba el pellejo del gato y las forraba.
Nos dimos cuenta que se sentía mal cuando dejó de cazar perdices con reclamo. Regaló la escopeta, el pájaro, la tienda y los cartuchos al Sr. Demetrio, el de la Contribución y dejó de hacernos pelotas.

Se murió un día de julio al mediodía. Sentado en la cama, por señas, pidió un cigarro, dio la última calada, exclamó: Ya está aquí el Mesías. Y expiró. Me parecía viejo y tenía menos años que tengo yo ahora.

¿Quién no lo piensa?. ¿Hay vida después de esta vida?. Mi padre ya lo decía: Algo tiene que haber. Me gusta mucho leer y recuerdo los versos del vasco ese que vivió en Salamanca, quien se debatió entre la duda y la esperanza:… Y desde el fondo de la noche/ Cristo, el Pastor Soberano / con infinitos ojos centelleantes / recuenta las ovejas del rebaño.

Yo me quedo con la esperanza. Voy a ir a ver al Nazareno. En Bilbao teníamos su cuadro en el saloncito del piso. ¡Además!, presiento que pronto voy a salir de dudas. El trigo de mi vida se está poniendo cereño.

Entretanto, saboreo con serenidad lo bueno de cada día: La lectura, las tertulias, la música, la radio, el paseo y, sobre todo la amistad con Segundo. ¡Bueno!: y mis nieticos, que van a venir para el verano.

VI.- Segundo, aunque es un poco mayor que yo, es mi amigo de toda la vida. Él me enseñó a pescar ranas y a cazar pájaros con tirachinas y pajarera. Era casi la única carne que comíamos, aparte de la de oveja implada. Me enseñó a distinguir el pardal de la pardala, las ababanjas de los aternillos. A recolectar espárragos, a pelar los cardos. Con él iba a brúa de bellotas, de titos, de muelas y de garbanzos. Todavía nos quedaba tiempo libre para escalar las torres, para papar los saltos de los caballos en la parada y para espiar a las parejas de novios, detrás de los rosales, en el Paseo.

Él prefirió quedarse aquí. Ha leído mucho y sabe de todo. Ha asumido el paso del tiempo con serenidad, dignidad y madurez.

Tenía 9 años cuando mataron a su padre. Solía ganar la soldada en el verano, como segador. El resto del año sacaba a la familia tejiendo esteras y cinchos para el queso. También talegas y cestos.

El año 35 medió ante el amo de le dehesa para que no pagara a los segadores menos yeras de las segadas. Eso, un año después, le costó la vida.

Segundo, después de aquel verano, tardó varios meses en volver a la escuela. Salía a pedir por los pueblos. Cuando volvió hubo de aprenderse de memoria el Catecismo.
D. José, el Maestro anterior, sólo enseñaba los Diez Mandamientos, y no todos. Por eso lo desterraron. Vino uno nuevo, de los estampillados, que por cojo no estaba en el frente y le preguntó a Segundo. Al llegar al Quinto, rompió a llorar. El Maestro nuevo no le volvió a preguntar.

Yo, en la escuela, estaba muy bien mirao. Mi madre, siempre cuando cocía, llevaba una torta para El Maestro. ¡Además!, al hermano más pequeño de mi padre lo mataron en la guerra. Estaba en Valladolid, voluntario en Ferrocarriles. Tenía 19 años. Fue de los que tomaron el Alto de los Leones. Bajando por el Guadarrama lo acribillaron a balazos. Fue el primer caído del pueblo y el primero en la lista que pusieron en la iglesia. Para mis abuelos ni por Dios, ni por España. Detrás de él otros veinte, sin contar más de otros fusilados del otro bando.

Lo trajeron a enterrar al pueblo. Es uno de mis primeros recuerdos. Vino mucha gente
con camisa azul y muchos Curas al entierro. Había muchas banderas. Desde entonces no me gustan los entierros con banderas. A mí me pusieron una camisa azul grandona y una gorra colorada. Llevaba una de las cintas de la caja.

La noche que mi tío estaba de cuerpo presente se llenó la casa de mi abuelo. Otros, también amigos, los de alpargatas, temerosos, se quedaban en la calle, después de dar el pésame. Dentro se fueron calentando las cabezas. Los odios contenidos en años de pobreza, de injusticia, de huelgas, estuvieron aquella noche a punto de estallar. Aparecieron algunas pistolas. Alguien propuso hacer una “limpieza”…….

Mi abuelo, aguardientero y labradorcico de tierras en colonia y de viesas en el Raso, pero fundador del Sindicato Agrario Católico, se plantó: -“Aquí no se mata a nadie. Con la sangre de mi hijo ya hay bastante”.

En días inmediatos no pudo evitar los viajes a la cárcel y al cementerio de Zamora. Unos cuantos del pueblo se reunían por las noches en una casa de la calle Zarandona para redactar las listas negras. Segundo sabe quienes eran. Viven hijos, sobrinos hermanos, pero los ha perdonado, aunque, para no olvidar vamos a hacer la lista de los fusilados.
Segundo es mi confidente y mi consuelo. No quiero perderlo.

VII.- En el pueblo queda poca gente Hay pocos niños, muchos viejos y solterones, los de toda la vida y los que se van incorporando a esa condición. La mayoría eran unos pasmaos de jóvenes y no se atrevían a estarse con ninguna. Después se empicaron a los putis. Mientras viven y se valen las madres no les va mal del todo, pero se van quedando solos y los veo tristes.

Ahora, al envejecer y verse con las manos vacías de afectos, sin hijos, sin nietos, empiezan a pagar su egoísmo comodón: la vaciedad del placer comprado. No les cambio mi intimidad con Carmela y la alegría de los hijos por todas sus idas a La Muralla.
¡Cuánto la echo de menos..!. Sobre todo cuando vuelvo a casa por las noches. Se me sueltan dos lágrimas que me limpio a la manga de la camisa, como de joven. ¡Con lo que ella suspiraba por volver al pueblo…!.Trabajo me costó convencerla para ir a Bilbao!. Aceptó cuando la vine hablando del mar, de los cines, de los autobuses y del agua corriente.¡¡ Cuánto disfrutaríamos ahora juntos…!

Ahora, al volver, también me he hecho muy amigo de Antonio, el de la Negra. También. El emigró en la desbandada de los sesenta, cuando tuvo que cerrarse el baile porque no quedaron mozos en el pueblo.

Coincide que a él le colocó, como a mí, un vasco de la misma cuadrilla de cazadores que, de toda la vida, venían a cazar por estos pagos.

Aparecían en la plaza con sus grandes coches negros, sus perros y sus escopetas. Era casi una fiesta en el pueblo. Ya tenían preparada casa donde dormir, sábanas limpias, mantel nuevo y mesa abundante.

Llevaban con ellos, de ojeo, a los que más sabían de vientos y de careos. Mi padre no solía fallar, ni el de Antonio. Los vascos nos trataban bien y eran bien recibidos. Al terminar la cacería, pagaban por un día el jornal de un mes. Había para comprar una manta y aceite. Algunas muchachas iban de criadas a sus casas.
Mi padre cogió amistad con el dueño de una fábrica. Con él me marché yo colocao, acabada la sementera y la mili, para cargar y descargar vagones, barrer la fábrica, traer y llevar pa’ca y pa’lla. Me quedaba en las horas extras y así aprendí rápido a tornear. Me jubilé de encargado.

A Antonio lo llevó el dueño de un restaurante famoso de Deva, de camarero y fregaplatos. Ascendió a pinche de cocina. Se ganó el cariño y la confianza de los dueños, vascos de caserío, que lo admitieron en su casa como a uno más de la familia a los que llamaba “amatxo” y “aita”. Aprendió a ser un buen cocinero. Se casó y siguió ahorrando. Cuando los dueños se hicieron mayores se lo vendieron. Le faltaban cinco millones de a mediados de los setenta: “Poneros a trabajar que ya los pagáis cuando podríais”.

El negocio funcionaba. La mujer y él trabajaban como perros, y las niñas, así que salían de la escuela.

Antonio aprendió a decir: “egunon”,” arratsalde on”, “gabón”, “kaixo”. Aprendió lo que significaba “txikito de gorria” y de “zuria” y a poner otra roda cuando le decían “beste bai”.

Evitaba la ostentación, pero empezó a recibir cartas selladas con el hacha y la serpiente y empezó a pagar. Las chicas se hicieron mozas. Su mujer falleció prematuramente. Con todo, él se amurrió.

Un día mataron a un guardia civil, un muchacho de Sanabria. Todo su delito haber nacido en un tierra pobre, como la nuestra. Antonio pensó: -“ Con mi dinero han comprado las “parabellum”…..-. Y no lo superó.

Dejó el negocio a las muchachas y echó el hato pa’ca.

Tiene nuevas casa y compañera. Los ha casado, por la Iglesia, un Cura amigo suyo, en secreto para no perder las pensiones. Quieren estar a bien con Dios.

Charlamos de aquella tierra. A nosotros, hijos de la estepa, ¡cómo nos gustaba su verdor y sus costumbres!. ¡Cómo la vimos y la hicimos crecer y prosperar!. ¡Que buena mano de obra fuimos los labriegos castellanos....!
!. Trenes repletos de etorkinas. Entre brumas y humos, coincidíamos muchos paisanos, camino de los tajos, en tan distintos amaneceres. Los vascos nos admitieron bien y nos fuimos integrando. Mis nietos se llaman Odei, Aitor y Ahinoa. Hemos dejado allí lo mejor de nuestra vida y nuestra sangre. ¿Podrán nuestros hijos seguir viviendo en paz en aquella tierra..?.

Segundo, Antonio y yo, muchas tardes, ahora en el tiempo alto, compramos una lata de escabeche, la aliñamos con pimiento, cebolla y aceite y vamos, dando un paseo a comerlo a la bodega con un cacho de pan y un trago de vino. No echamos de menos aquello. Antonio ya lleva aquí tres años y solo ha vuelto el otro día, al funeral de su “amatxo”, en el caserío.

VIII.- La verdad es que no me aburro. Ahora, por la fresca, me he metido a limpiar el corral. Como no hay muladar, ni gallinas que lo escarben, ni mulas que se revuelquen, ni marranos que lo hocen se ha puesto como un bosque de tobas, de cardos burrales, de gamaza, de ajenijos… A base de guadaña y purridera lo estoy dejando limpio.

También voy a limpiar los cubiertos, y las herramientas que quedan: los arreos en la cuadra; en la panera, colgados, están la hemina, el cuartal, los costales, con las iniciales de mi padre, las cerandas, una pala de madera y el palo de enrasar, medio desehechas una escoba de ajujera y otra de abaleo. Tendré que atar una nueva para barrer el corral.

El carro, la agavilladora y la aventadora los vendió mi padre a uno de la tiarruca. En el cabañal quedaron los armajes de acarrear y los de la paja, con sus redes; la purridera del abono y la de purrir que yo utilizaba en el acarreo. Cada purriderada una gavilla de la morena. Mi padre era el componedor. No se le caía una espiga y eso que , a veces metía una barda de dos filas.

En el doble aún están los faroles: el de la cuadra, los del Cementerio, que llevaba yo con mi abuela el día de Los Difuntos a la sepultura del hijo que le mataron en la guerra, y el de alumbrar al Cristo en Semana Santa; un escriño con su tapa y una troje reventada. No sé donde encontraré un barril de los del vino, hecho, como el escriño y la troje, con paja de centeno y mimbre fina cortada, revestido, por dentro de pez.
Todavía quedan muchos más cacharros de barro, hierro y hojalata: cántaros, botijos, barreñones, asaderas, cazuelas, pucheros, moldes para las margaritas , al molinillo del café, flaneras, potas de porcelana,, el pote de la lumbre, la cinta del hogar, trébedes, sartenes de patas, las tenazas, el fuelle. Un candil, un serillo y algunas cestas de mimbre.
Estoy pensando, con todo, montar un pequeño museo.
Segundo me ha dicho que podíamos ir a “Los Quince Puentes”, a cortar espadañas, ponerlas a secar y tejer esteras, que él se acuerda.

A mi me gustaba más la mimbre. No sé si quedarán mimbreros. Me gustaría tejer un azafate, de mimbre pelada, como el que usaba mi madre para los hilos, las agujas y el huevo de zurcir, para regalárselo a la nieta mayor, pero, ¿para qué? ¡Si no saben ni coser un botón.....!.

IX.- En todos esos achiperres está el recuerdo de mi padre. Ayer encontré la azada de pico, que utilizaba para alumbrar los vacillares. Cada temporada tenía que auzarla en la fragua. Con las piedras se ponía roma . En el mango, desgastado, están las huellas de sus manos.

Por la mañana, cuando se levantaba, lo primero que hacía era poner lumbre, con unos palicos de manojo, granzones y estiercol a medio secar. Después huntaba, en un rebojo de pan, tocino sobrante del cocido, lo comía y echaba la parva con un trago de mostosí. Frugal tentempié para la batalla diaria Era incansable en el campo- Todo el año bregando: alzar, binar, terciar el barbecho; sembrar legumbres; segar, atropar, acarriar, trillar, aparvar, aventar, envasar, costalear, meter la paja en la recolección; los majuelos, la sementera, el roto y todavía, en el invierno, andar a la piedra pa la carretera.

Los domingos jugaba a la pelota. Era maniego, por eso defendía, como nadie la raya del medio. Yo le admiraba y sentía orgullo cuando le aplaudían en el frontón. Parece que le estoy viendo correr, sudar, pegar esos machetes a dos dedos de la falta, aquellos saques a sobaquillo, alguna vez por detrás de la gente……
Llegaba a casa con las manos como botos y desgabanao. Mi madre siempre la echaba la bronca, pero le tenía preparada la palancana con agua tibia y sal para que metiera las manos y no se le pasaran. ¡Qué manos!. Estaban engarruñadas del trabajo.
En el buen tiempo, en las noches de ranas y grillos, salíamos a la calle, los niños a jugar y los mayores a tomar el fresco. Mi padre nos llamaba y nos enseñaba El Carro Triunfal, la Osa Mayor , La Polar, Las siete Cabrillas, y el Camino de Santiago. Nos contaba que una noche, por el 34, hubo una gran lluvia de estrellas. La señá Pía, que decían que estaba loca, predijo una tragedia, por eso tuvimos la guerra.

Sí me acuerdo del susto horroroso, debió ser en el 47, cuando todo el cielo se puso colorado. Mi padre nos calmó. –“Es una aurora boreal “, pero la gente decía que si los americanos habían tirado una bomba atómica,… que si era el fin del mundo. Unos iban a la iglesia, y otros se escondían en las bodegas.

Cuando escaseaba la comida mi padre decía que no tenía hambre. Madre le servía primero, pero él retiraba el plato al segundo cucharón.

Cada quince días, andando y en el burro, iba a llevar la patria al hermano segundo, que estaba en el seminario de Valderas, lo que madre podía juntar: pan de la hornada, un trozo de tocino, dos choricicos y unos huevos. Le metía un poco de merienda para él, en la fiambrera. Un día descubrimos que dejaba al seminarista también su merienda, y él se arreglaba con unas uvas o unas bellotas que cogía al pasar por el Monte del Duque y un cacho de pan.

Cuando venía del campo rebuscabamos en las alforjas y el fardel. Nos traía brunos, acerolas, almendras, una pluma de avutarda o una camisa de culebra. Cuando no encontraba nada, el cuero de los torreznos, que nos sabía a gloria con el mendruguico sobrante.

Cuando salgo por la noche al corral, me doy cuenta que yo a mis hijos no les enseñé las estrellas. En Bilbao no hay. Ni corral.

X.- Hace unos días han marchado a la Residencia de Villorgia, Arístides, el carretero y la mujer. Ella padece Alzheimer y no se vale. Han criado no sé cuantos hijos, pero todos andan por ahí, y no les pueden atender. La Residencia es un mal menor. Y, todavía, ¡qué vayan los solterones y los que no tienen hijos!……..Pero Daría, la del Argentino y Amelia "La Farruca", y Matilde, La Hornera que criaron una rabizada de hijos…..

La verdad es que algunos están tan contentos, pero la mayoría tienen una enorme necesidad de cariño. Algunos días cojo la bici y me llego hasta allí, a ver a los del pueblo. Todos tienen alguna pena que contar y la charla es un bálsamo para ellos.
Me da pena ver a Pedro, el Cacharrero. Es poco mayor que yo y, hasta hace nada, no paraba: tenía un huerto, estaba arreglando la casa, a base de barro, para la hija, que es periodista del País; se metía en el río a pescar cangrejos….Un cáncer de mama acabó con su mujer. Lo sacaron de su casa, de su pueblo y está acabadico en dos días. Si ya lo dice el refrán: Al burro viejo, no lo cambies de pesebre.

No sé que haré cuando no me valga. ¡Buenas ganas de pensarlo!, si lo mismo lo de la prosta me lleva pa’lante, pero yo del pueblo no salgo ni atao, y menos a esa Residencia, con todo lo bien que esté.

Además, a los de ese pueblo los tengo asco. ¡Cómo era el Cabeza de Partido, siempre fueron unos fanfarrones y unos patosos!. Siempre venían en la fiesta a comprometer. No nos parecía mal que torearan a las vacas, pero sí que les dieran palos, las cogieran por el rabo y las tiraran al suelo.

Un año, por hacer el ganso, vino la mara de Guaricha, de Maroma y tos esos, montaos en un trillo viejo, al que habían puesto las ruedas de una limpiadora, por la senda La Granja. Así que llegaron empezaron a faltarnos y a meterse con las muchachas, que tenían fama de ser las más guapas de la comarca. Los fuimos aguantando por no estropear la fiesta.

Luego, en bici, llegó la panda de los “toreros”. Hicieron una apuesta. Sacaron del bar una mesa, sillas, vasos de limonada y una baraja. Al salir la vaca, el primero que se levantara pagaba las consumiciones.
¡Bueno!, aquello fue una charlotada. Nunca nos habíamos reído tanto.
Las vacas eran alquiladas, de la Secretaria. Los de Villorgia se encontraban con ellas en todas las capeas, se conocían respectivamente con nombres y apellidos: la de Macaco, la de Trallazo, la de Bombita, la de Perules…., según la que había cogido a cada uno de éstos. Pero llegó un momento que eran las vacas las que habían cogido miedo a los “toreadores” que, si se veían cogidos, las agarraban por los cuernos y las tiraban al suelo.

Empieza la capea, ellos en medio de la plaza, sentaos a la mesa, jugando a las cartas. Cada vaca, al salir, cuando los iba a muzar, los conocía , bufaba y se espantaba. Y ellos, ¡tan chulos!. Hasta que sacaron a “La Costurera”, vieja, astuta, grande y cornalona y que ¡los tenía unas ganas….!

Ellos no la conocieron, porque Joaquín, la había pintado de almazarrón.
De salida también se espantó, pero fue pa tomar más carrera. ¡Qué risa! :mesa, sillas, vasos, cartas, toreadores….. .No quedó títere con cabeza. ¡Qué revolcones. Los llenó de costuras los pantalones, las camisas y el pellejo. Uno, además, no tenía calconcillos y no sabía como taparse.

Otro años vino otra mara que nos amargó la fiesta. Se pusieron tan patosos que acabaron por ponerse a mear en el baile y, ¡eso ya no! Las mujeres se marcharon para casa, la orquesta dejó de tocar. Nos juntamos todos los del pueblo, solteros y casados, y les dimos una “manta palos” que todavía se acuerdan.

El otro día ya me tiró una puntada la mandamás de la Residencia. Le interesa tener gente útil, para ayudar a poner la mesa e ir a por recetas y a la Farmacia. Le dije que prefiero vivir a mi aire.

Ya lo hablo con Segundo y con Antonio. Lo malo es cuando uno no se valga.
Se nos ha ocurrido una solución. ¡Que vengan familias jóvenes de hispanos!.
Muchas veces, en una casa hay dos y tres viejos, matrimonio, hermanos,…o si no,. nos juntamos dos o tres amigos. Juntamos las pensiones y les pagamos el sueldo. Vivirían en familia con nosotros. La Junta lo podía organizar. Que fuera gente de confianza. Nos cuidarían y les dejaríamos la casa y las tierricas. Podrían tener ovejas, ¡por ejemplo, que hay apriscos vacíos y, cada vez menos pastores!, o trabajar ellos en otras cosas. Me gustaría decírselo a los políticos. ¡Hay tantas casas vacías en los pueblos… ¡. A este paso, a la mayoría le quedan pocos años de vida!. Lo único “habitado”, van a ser los Cementerios. 14

XI.- Manola ha tenido un niño. Eso ahora en el pueblo es una noticia. En el año 30 nacimos setenta y tantos. Todos los días estaban repicando las campanas, o a bautizo, o a gloria sobre todo en otoño e invierno, cuando venían los andancios de tifús, garrotillo o sarampión. El toque de gloria hacía decir: “angelicos al cielo”. Los bautizaban luego, para librarlos del Limbo de los Niños.

Todos nacíamos aquí. Nos atendía el señor Aniceto, el Practicante y, la verdad es que, ya a partir de la guerra, pocos se morían. Segundo, Relojero, nació en el camino de Las Tenerías. Su madre se puso de parto respigando y no la dio tiempo de llegar a casa. Nos criábamos a honda. Así de duros hemos salido.

Antes el Médico vivía en el pueblo, como los Maestros y el Cura. Le llamabas por la noche si era necesario. Estaba de guardia las veinticuatro horas del día. Ya sé que era esclavo, pero la gente no le molestaba sin necesidad, y era querido y respetado.
Visitaba cada día a los enfermos, hasta que se levantaban de la cama. ¡Sólo el consuelo que los daba cuando las medicinas ya no hacían efecto…!. Se sentaba en la cama y charlaba un rato. Conocía las naturalezas de cada familia y la falta de medios la suplían con dedicación y afecto.

El bautizo ha sido una fiesta en el pueblo. ¡Más de un año sin un nacimiento!. Han tirado cohetes, pero no rebatina, ahora los pocos niños no se matan por un caramelo y una perragorda.

XII.- La prosta ( Ya sé que se dice próstata, pero yo, hasta para pensar, utilizo las palabras de aquí. En cambio no se me ha pagado lo de si serías, por si fueras) me está dando cada vez mas guerra. Ya casi no me sale el pis y he orinado un poco de sangre.

He ido al Clínico. Me han hecho pruebas y me han preguntado que si tengo familia, que lo mismo me tienen que operar. De momento no se lo voy a decir a los hijos, ni a Segundo.

He ido a ver al Nazareno y lo he consultado con él. Me ha dicho: -¡Hombre, a lo mejor es benigna y te la pueden quitar con laser…!.-

Eso también me lo dijo el Médico, y que no podré eyacular. ¡Anda que me importa buena cosa lo de eyacular…!. Que no sé muy bien lo que es, pero me lo imagino.
En la capilla he estado mucho rato. “El Moreno” me habla con la mirada. ¿A cuantas generaciones habrá mirado este Nazareno….?.

Me he metido con él en muchas profundidades: -¿Por qué siempre te representan con la cruz, o en la cruz y casi nunca resucitado?-..

-¡Hombre!. ¿Tú crees que si no hubiera resucitado y dado ánimos a Pedro y compañía

….,todos aquellos toscos y pobres hombres se hubieran atrevido a marchar por el mundo predicando mi doctrina?.

Se me queda mirando y no hace falta que me recuerde la grandeza del Evangelio.
A ningún Sindicalista, y los había muy “legales” en los años duros, allí, en el Norte, escuché un código ético como los Mandamientos, ni nada tan consolador como las Bienaventuranzas.

En aquel mundo de esclavitud, en aquella humanidad dominada por el Imperio Romano, a un hombre que solo fuera hombre no se le podía ocurrir aquella doctrina, aquel código de solidaridad, de hermandad, de esperanza.
¡Nazareno, creo en ti!. ¡Me has consolado!.

XIII.- Ahora es octubre dorado. Los ábregos trajeron las primeras lluvias, que vistieron de verdor las eras, los linderones y los maraños de los rastrojos. Las cencerras llenan los atardeceres de bucólicos sones. Los tractores navegan en el mar de la llanura preñando, con sus enormes sembradoras, las hojas de barriales y amorosos. Reverdecen las primeras sementeras. Saboreo todo esto.

XIV.- Mi hija va a venir a atenderme en la operación. Prefiero “El Clínico” que “Cruces”. ¡Además!, traer aquí a Carmela me costó muy caro. Quiero, cuando llegue, estar para siempre, “Ya de Vez con Ella” y, con lo caro que cuesta, ¿No me traerían en un tarro?.

Puede, y espero seguir disfrutando por más tiempo de rieblas, de cosechas, de carámbanos y sementeras. Pero, ¡de todos modos!, digo como mis padres: ¡Qué sea lo que Dios quiera!

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