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viernes, 25 de septiembre de 2026

EL TRABAJO SIEMPRE HA ESCOCIDO.


 


Arrastrar la dura cadena
Trabajar sin tregua y sin fin
Es lo mismo que una condena
Que ninguno puede eludir
El trabajo nace con la persona
Va grabado sobre su piel, y ya siempre
Le acompaña
Como el amigo más fiel.
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Trabajar con fe y esperanza
Por lograr un mundo de amor....

    Cuando tras dos horas de azada, o de arrancar "uvas de perro" a mano, frondosas, como ven en la que sostengo en la foto (alguna no era capaz de arrancarla. Buscaba el tallo y a ras de tierra la cortaba con tijeras), me derrengaba en el asiento del coche, reflexionaba sobre el trabajo y las sociedades humanas.
    Si he sido capaz de ayudar a sacar adelante el cultivo de pimientos, melones, cebollas, calabacines,.., sin herbicida, ha sido más por fuerza de voluntad que física. Es bueno el ejercicio para los mayores, pero coger la bici y marchar a Villamayor o pedalear en la estática mientras me informo o escucho música, es mucho más placentero y  descansado que cavar y arrancar broza. Pero es que en la huerta "no me llevaba el genio" ver las verdolagas, cola de zorra, salsolas, agenijos,  uvas de perro, abrojos... sin arrancarlos. Pero ese trabajo me costaba mucho trabajo.
    Sí, ya sé, normal, a mis años... Estaba un rato, iba y venía en coche. Llegaba a una casa confortable. Buena ducha y comida...
    Y recordaba, cuántas fatigas de pobres gentes por aquellos "amorosos" de pinos, majuelos y algarrobas. Sí, supe lo que era pasar ocho horas "alumbrando" cepas; las de la vendimia eran más gratas; supe lo que era coger legumbres de amanecida hasta mediodía. Lo de colocar pacas pequeñas en camiones, andando para que las subiera el carga pacas, eran palizones... Sé bien lo duro de ciertos trabajos. De ahí que recuerde con compasión a los jornaleros de hasta mi generación.
    ¡Jolín!: 1'25 Pts el jornal de las algarroberas; cincuenta céntimos un kilo de pan, tres pts el de tocino. Casuchas inmundas, ropas remendadas. Pobreza y misera, al cabo. Mientras que unos pocos señoritos se pegaban la gran vida. Con esas personas no nacía el trabajo.
    Unos días después de San Roque, a base de ruegos, conseguí llevara Jesús a la huerta a los tres nietos, más el agregado. Cuatro muchachotes lozanos, deportistas, llenos de confort, alrededor de los dieciocho. Llegamos a la una, "las trece". Preparé herramienta para todos. Ni media hora aguantaron. ¡Nada! salvo romperme algún ramal del goteo. ¡Qué juerga les entró a los "chenopodium"!
    Inevitablemente reflexiono, comparo. La generación de la guerra, la de mis padres, y la de la posguerra, nosotros, con mucho esfuerzo sacamos al país de la pobreza. Por suerte, actualmente, la mayoría de los trabajos no requieren de tanto esfuerzo físico. En la agricultura, salvo en los hortícolas, ni les cuento; todo con comodísimas y eficientes máquinas. El trabajo es hasta placentero. En eso se podría basar la felicidad de los seres humanos: en realizar un trabajo que te guste, realice, incluso divierta.
    Siguen existiendo trabajos que requieren esfuerzo físico; en la construcción, por ej.
    No sólo los trabajos manuales requieren sacrificio, esfuerzo. También, y mucho, el trabajo intelectual, el estudio, y los realizados por los profesionales de la sanidad, educación, informática,... Lo malo es que a los escasos niños que nacen se les cría con mucho "vicio" "que saca la puerta de quicio". Está desapareciendo el hábito del esfuerzo. El bajísimo nivel educativo de nuestros estudiantes, revelado en el informe PISA, es debido, sobre todo, a haber perdido el hábito del esfuerzo. Estudiar, que es leer, escuchar, retener, es más aburrido que las pantallitas.
    ¡Además! al hacerse mayores, ¡para qué esforzarse cuando te van a dar una paguita..! El pico y la pala, la llana, la paleta y la plomada, la fregona y los pañales..., para los inmigrantes.
    

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